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lunes, 6 de enero de 2014

Italia, el regreso con un video

Algunas cosas se quedan en el tintero, y hoy el tintero se ha volcado.
La tinta todavía está fresca y se han derramado historias que no había compartido.
No es una propuesta de año nuevo, pero no quería que se embadurnara todo.



Italia el regreso from Marne on Vimeo.

martes, 5 de febrero de 2013

Italia, el retorno



Empiezo a sentir que estoy de vuelta cuando llego a Italia. Siento que si observo con cuidado veré las huellas que he dejado hace algunos meses. Transitaré de nuevo por algunas carreteras. Los mismos ríos, distintas aguas.

Pero me estoy adelantando.
Antes tengo que dejar Croacia. Y esta vez la aduana ejerce su derecho.
Me sorprende que los requerimientos sean al abandonar el país, y no al entrar.
Los agentes son amables, pero me indican que van a efectuar un control. Todo empieza con la solicitud de papeles, y creo que el hecho de venir de Montenegro y Albania les inquieta.
Un oficial pregunta que hay en cada una de las maletas de la moto y me pide que se lo enseñe. Busca “estúpido-facientes”.
Las abro siguiendo el orden de sus requerimientos. Pero cerrarlas lleva más tiempo, tengo que acomodar de nuevo la carga para que cierren. Es casi un puzle en el que cada pieza ha encontrado su sitio con el transcurso de los días y son reacias al cambio.
Afortunadamente no miran en el único sitio que está cargado de droga. Mi cabeza.

Comparativamente entrar en Eslovenia es sencillo para tratarse de la frontera Schengen de la Comunidad Europea. Pasaporte y ya estoy dentro.
Ruedo unos minutos y me encuentro cruzando a Italia por Trieste.
A partir de ahí me adentro en una niebla sin gorilas pero que incluye algo de lluvia. Mi destino es Venecia, donde pasaré la  navidad. Es mi forma de hacer transcendente una época incrustada en mi poso de tradiciones, en mi pozo de emociones. Pero se reafirma mi creencia de que lo importante, en cualquier momento, es la gente con la que estás y no la fecha del almanaque.

Unas decenas de kilómetros después entro en el Puente de la Libertad entre la niebla que refulge por la contaminación lumínica. No es este el único aura que acompaña a esta ciudad.
En nuestro imaginario solo hay otra ciudad con este significado de romanticismo: París. No preguntéis por qué, pero siempre pensé que era mejor venir acompañado a estos lugares. Las circunstancias y decisiones me traen solo, pero pienso aprovechar la ocasión al máximo.

Unos metros antes de la Plaza de Roma hay un aparcamiento gratuito para motos. Dejo todo el equipaje salvo una pequeña bolsa con la cámara. Pregunto a un chico, que deja su scooter, si se puede dejar la moto más de las veinticuatro horas que indica la señal. No sé si es una respuesta, pero el espíritu mediterráneo aflora y gracias a sus observaciones la moto se quedará ahí tres días sin inconvenientes.

A estas alturas de la jornada estaría preparándome para irme a la cama, pero hoy empiezo a caminar por calles, callejones, muelles, plazoletas, puentes…
Simultáneamente busco dónde pasar las próximas noches, porque los días serán para vagar por la ciudad. Tras algún regateo encuentro un sitio muy agradable con buen desayuno y tetera en la habitación. Adjudicado.

Voy a por parte del equipaje y no puedo resistir salir de nuevo a la ciudad a perderme por las calles. Ahora entiendo mucho mejor a mis amigos sicilianos, Tatiana y Benedetto, cuanto me hablaban de Venecia y su fascinación por ella.

Comparto su visión amplia y profunda que va más allá de la Plaza de San Marcos, Rialto, La Fenice, Los Descalzos, Santa María de la Salud… Una mirada que se detiene en las pequeñas capillas, las urnas en las esquinas de las calles, los cuadros en cada iglesia, palacios, tallas, esculturas, puentes, escalas, muelles, ventanales, galerías, pozos, y un sinfín de detalles que se han ido sumando con los años.

No hay tráfico, ni siquiera bicicletas. Se respira tranquilidad, recogimiento, una complicidad con el lento paso del tiempo. No tiene que ser un lugar fácil para vivir en estos tiempos modernos con sus prisas y lo inmediato, lo insensato. Pero para artistas, creativos, profesiones “liberales”, artesanos, y por su puesto, turistas, es una delicia.

Disfruto mucho del veneto, pero mi alma vagabunda me arrastra de nuevo al camino.
En mis planes está resarcirme de mi anterior fugaz visita a Florencia. Pero antes visitaré Rávena, con unos restos románicos impresionantes, tanto en calidad como en cantidad. La ciudad no es muy grande, pero creo ver un signo definitorio del carácter de su gente en el hecho de que el sistema de préstamo de bicicletas urbano es gratuito y sin restricciones. Auténtica confianza en el espíritu humano. En el hotel también me conceden el privilegio de estacionar la moto en un pequeño cobertizo, cosa que agradezco con esta lluvia.

Como en los dibujos animados, parece que la nube me sigue allí donde voy. Siempre amenazante, pero a ratos perdona y el aire me seca un poco, nunca lo suficiente.

Hoy Florencia está vestida de invierno. Me muevo con soltura, no he tenido tiempo de perder los recuerdos de sus calles en los recovecos de mi cerebro. Volveré a pasear por un pasado inmediato. Y sin embargo lo siento muy distante porque hasta llegar a evocarlo tengo que pasar por una melaza reciente de recuerdos dulces y experiencias densas.

En esta ocasión sí entraré primero en La Academia, y luego en el Palacio de los Uffizi.
En este último casi desisto por la cola, pero coincido con una pareja de franceses muy agradables y charlamos largo y tendido. Vienen de Montpellier y se nos pasa el rato hablando de muchos temas, personales, laborales, económicos… arreglando el mundo para dejarlo como está. Seguramente llevemos una hora esperando, pero ha sido muy entretenido y edificante.

En el museo–palacio la experiencia es abrumadora para un neófito, cuánto más para un estudioso del arte o de la historia. Los estímulos llegan tanto de las obras expuestas, como del edificio propiamente dicho. No se llegan a desbordar, salvo en mi conciencia, y termino agotado, embotado. Las salas están ordenadas por movimientos y épocas, pero en mi mente crece una brisa que pasa por remolino y termina en tornado con obras de Gioto, Fran Angélico, Filippo Lippi, Botticelli, Michelangelo, Da Vinci, Durero,  Rafael, Tiziano, Tintoretto, Rubens, Caravagio, Velázquez, Goya, Van Dyck, Peter Brueguel…
Embotado sí, pero también fascinado.
Como en El Prado, Ciudad del Vaticano, la National Gallery… estas son visitas que se tienen que hacer poco a poco, pero los que no somos tan afortunados de frecuentar estos espacios no podemos evitar la sobredosis. ¡Qué venga ahora el oficial de aduanas croata, esto está lleno de estimulantes!

La siguiente parada es en otro icono, Pisa. Me parece que hay más iconos que semáforos en Italia.
La catedral está cerrada, pero el campanario todavía siente las cosquillas de los pies de los visitantes. Pies que buscan un equilibrio en el espejismo inclinado que los alberga.
Me entretengo con las fotos, me gustaría un nuevo encuadre, que no resulte evidente, pero se me hace imposible. Paseo arriba y abajo, pero he visto tantas imágenes de la mítica reclinada, que no me da la imaginación.
Me resulta simpática una pareja que trata de hacer la foto simulando que empuja la torre, en lugar de sostenerla. Y resulta que son de Terrasa, viajan en furgo. Toni y Dulce, me parecen buena gente. Charlamos un poco y nos intercambiamos señas. Tal vez algún día volvamos a coincidir. ¡Buena ruta!

Por fin sale el sol. Conduzco al lugar del que se extrae la materia de la que están hechos los sueños de los escultores: Carrara. Por un momento pienso que soy un tío original que se interesa por las canteras, pero a medida que me acerco empiezo a ver carteles de visitas guiadas a las explotaciones.
Resulta que no soy tan genuino.
Medito unos instantes y decido buscar una panorámica del monte horadado. Si  entro en la cantera me perderé la magnitud de la explotación. No cometeré el error de meterme entre los árboles para que no me dejen ver el bosque.
Y me alegro. Enfilo una pequeña carretera que sube al tiempo que se va estrechando. En la cima del monte hay bicis y parapentes. No parece el mejor día para volar, pero las vistas son impresionantes. Disfruto del momento y me tomo un piscolabis al sol y el calorcito del mediodía.

El último día del año me pilla en la sinuosa carretera que llega hasta Portofino. Se trata de un tradicional puerto pesquero, que precisamente siguiendo la tradición ahora es un puerto turístico. Tiene mucha fama entre los italianos de la zona. Ya me habían advertido Toni y Dulce que estaba bien, pero que era mejor no tener muchas expectativas. El lugar tiene cierto aire a Cudillero en Asturias. La gran diferencia estriba, en que durante años, por aquí se descuelgan celebridades del mundo del arte, esencialmente del cine. Desde Orson Wells hasta Spilberg, desde Greta Garbo a  Gwyneth Paltrow, y este año parece que vino Rihanna, y Madonna a celebrar su cumpleaños. En fin, dudo que en esta época del año se deje ver alguien del mundo del famoseo. Pero sus casas se quedan.
Lamento que las visitas rimbombantes se conviertan en el mayor atractivo del lugar, me alegro por la villa, pero lo siento por la condición humana. ¿Me estaré haciendo un gruñón?

Todo lo que saco en claro de la noche vieja en Italia es que se comen lentejas y se tiran muchos petardos. De nuevo una fecha a la que damos mucho significado lo pierde si no tienes con quien celebrarlo. No se ve mucha gente por la calle. Apenas algunos que llegan tarde a su cita con la familia entre bolsas y tapers. Me aburro y me acuesto temprano para ser una velada tan significada.

Mi camino me lleva a Génova y finalmente a San Remo, ya casi en la frontera con Francia. Volveré a disfrutar de unos tramos de conducción por carreteras que sortean acantilados y que me acercan inexorablemente a casa.

Cuidense,

Marne














 





















jueves, 8 de noviembre de 2012

Sicilia a Brindisi


En Sicilia recupero fuerzas.

Es la segunda vez que estoy en casa de Benedetto y Tatiana. Ellos son los padres de Francesca, y los abuelos de Ana.
Sras. y Srs.: El Etna (Pero no Carapapel)



Estuvieron de visita por León cuando su hija vivía allí y fue cuando los conocí. Desde el principio hubo buena sintonía y nos invitaron a la gente de la pandilla a acercarnos por su casa. Tardé un par de años en hacer valer la invitación, y de esto hará unos catorce o quince años.

Costa cerca de Taormina
La vida ha seguido por sus propias sendas y mi único vínculo con ellos eran las postales que les enviaba cuando hacía algún viaje.
Sicilia fue mi primer gran destino. Portugal o Francia están aquí al lado, y las visitas eran una especie de tránsito dócil de kilómetros. Había muchas circunstancias a priori que hacían el viaje especial, y todas ayudaron a crear una especie de bautismo de fuego. Una iniciación que me envenenó la sangre, y ahora, de tanto en tanto, tengo que salir de casa a buscar el antídoto.
Por eso, cuando estoy de viaje, me acuerdo de ese inicio, y mando una postal a la gente que me hizo entrar en este tipo de vida aunque ellos no lo supieran.

"Tragetto"
Mientras la moto está en la “oficina” alternamos los paseos por los alrededores con la cocina local.

Los dos son Pintores. Y lo digo así: con mayúsculas. En uno de los paseos nos acercamos al ayuntamiento y me enseñan un proyecto en el que han realizado los cuadros de todos los alcaldes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y los tienen en exposición permanente en la sala de plenos. Los cuadros son de Tatiana. Su arte es figurativo y llega a más gente. Benedetto parece que ha terminado una época con una técnica en la que mezcla
   elementos en tres dimensiones con un solo color, el blanco.

Salón Tilotta
Su casa parece un museo, a parte del buen gusto, tienen cuadros por todas partes. El padre de Benedetto también pintaba, y la casa de los padres es como un palacio del renacimiento. Hay frescos que recrean cuadros famosos pero con las facciones de los miembros de la familia. Esto ya me había impresionado en la primera visita, pero volver a verlos me subyuga. Dedicación, pasión y amor a la familia convertido en arte.

De todos los platos que probé en estos días los más impactantes fueron la “arangina” y los “cannoli”.
Las aranginas son un plato salado como una croqueta del tamaño de una pelota de tenis, o también se hace con forma de cucurucho. Tiene el rebozado final y la bechamel similar a las croquetas, pero de arroz, y el núcleo tiene un relleno extra. Lo más tradicional es un ragú de carne con salsa de tomate, cebolla y pimiento. Pero también es habitual el vegetal con queso guisantes y otras verduras. Hoy las posibilidades del relleno son innumerables, pero a priori todas estupendas. El plato es denso, contundente y muy sabroso. Tiene la ventaja de que es muy portable para meriendas , picnics, o días de playa.
Benedetto me hace sitio en el garaje
Los cannolis son más internacionales. Se trata de un hojaldre milhojas enrollado sobre un relleno dulce de crema de queso fresco, ya sea de mozzarella de búfala, o mi preferido, de ricota.

Me evoca la cocina que he probado en Italia, hay muchos platos: dulces y salados. Entre los dulces la “pasta de mandorla” (de almendra) participa abundantemente, mientras que entre el salado el perfume del aceite de oliva es intensamente fragrante. Como coincido en época de setas llego a probar una pasta rellena (tipo ravioli) con salsa de queso y setas, y virutas de trufa. Es una cocina muy particular y al mismo tiempo muy cercana a la nuestra.

Disfruto de los paseos por la costa, por el pueblo, de los ratos en casa contemplando el Etna humeante , o en los bares de algunos amigos. Por todas partes veo sus cuadros y mi historia del viaje se extiende. La pregunta más repetida es si viajo solo y por qué.

Iglesia de Mellili


Hablamos mucho. Nos esforzamos por comunicarnos y poder hablar de temas menos obvios, más profundos. El dialecto de Sicilia ayuda. Durante muchos años el Reino de Nápoles, o El Reino de las Dos Sicilias, estuvieron bajo la misma corona, y nos sonreímos cuando, al tratar de explicar una palabra y dar el término en castellano, este se parece asombrosamente al siciliano, aunque no tenga nada que ver con el “italiano”.

La moto ya está reparada, y llega el momento de la partida. De nuevo la hospitalidad es colmadamente reconfortante. Sin palabras.

Ahora el destino es Brindisi donde me embarcaré hacia Grecia.
La partida es doblemente dolorosa. Por un lado la evidente del afecto, y por otra el primer accidente.






Soy dos veces tonto. Iba con el casco abierto y una abeja se sintió atacada cuando chocó conmigo. La picadura ha sido en el moflete. He parado y me he sacado el aguijón, pero ya estaba todo el veneno dentro. Como soy tonto dos veces he continuado el viaje como si nada. Recuerdo otro par de ocasiones en que me han picado mientras estaba en la moto: una en un brazo cuando se coló una pariente entre la manga y el guante, y otra en el pecho por llevar la chaqueta medio abierta. Siempre duele, luego se queda la zona entumecida, pica un poco, y  para acabar se acartona perdiendo sensibilidad. Pero como soy dos veces tonto, y no se ve muy afectado, continúo. Tonto

Tonto de noche
Tonto de mañana
Y digo tonto porque una de las maletas laterales de la moto solo tiene recambios y medicinas. Adivináis qué: tengo una pomada para picaduras de insectos y alergias a medusas o plantas etc. Pero claro, no puedo ponerme un poco, mejor que se pase solo. Y claro, de madrugada en la tienda me despierto con un dolor de cabeza insoportable y tuerto. Tonto.
¿Para qué traigo las cosas?¿Para que tengo una maleta llena de medicinas? Antes de salir de casa medí el equipaje. Llevo solo lo que creo imprescindible. Para mí es un triunfo si uso todo lo que llevo, y no necesito nada que no lleve.
Trulli
Panorámica de Trulli
Pero con las medicinas hice una excepción. Esperaba no utilizar ninguna, pero llevo tantas como si juntara las de todos los viajes. Tengo más botiquín conmigo que el que tengo en casa. ¿Y que hago? No utilizarlo. Tonto. La idea era no tener que utilizarlo, pero eso no es lo mismo que no utilizarlo cuando llega la ocasión.

Así que a las tres de la mañana, con todo el malestar, tengo que abandonar la confortabilidad del saco y salgo de la tienda a buscar el botiquín que permanece en la moto. Untarme bien, tomar una pastilla para el dolor de cabeza y volver a la cama deseando que se calme un poco el dolor.
Funciona.
Gioia del Colle
¡Claro tonto! ¿Para que pensabas que era?
Ya no volveré a ver por ese ojo hasta dos días después. Tonto dos veces.
Y no os cuento nada de las miradas. Solo hablando con una gente en Trulli se imaginan que ha sido un “apo”. 
Para los demás debo ser como el hombre elefante.

Cuidarse,
Marne











martes, 6 de noviembre de 2012

Primera Avería


Primera avería.

Se ha roto el cable del velocímetro justo a la salida de "Crotone".
He parado para comprar la cena en un súper, y cuando me pongo en marcha voy a cero kilómetros por hora. Acelero más y sigo yendo a cero. La cosa no es muy grave. En Italia los indicativos de velocidad, y los intermitentes son innecesarios. Nadie los utiliza. En carretera casi siempre voy más lento que los coches, y en ciudad me pongo al ritmo del tráfico. Suficiente.



Pero me preocupa que el cuentakilómetros tampoco funciona. A partir de ahora no "haré" más kilómetros (cosa interesante si quieres vender la moto con poco kilometraje). Pero ahí es donde reside precisamente mi mayor inquietud. Por ahora no me preocupa en exceso, pero el contador parcial evidentemente tampoco funciona, y lo uso para calcular cuanta autonomía tengo. Ahora que voy cargado, con el depósito lleno, hago unos 200-220 kilómetros antes de poner la reserva. La reserva da para unos 50 más, nunca la he apurado más de 40 y era sin equipaje.

Cuando entre en Asia la idea es repostar después de 100-150, para tener siempre un margen mayor de seguridad, y terminaré comprando un bidón para las estepas de Turquía y sobre todo de Irán.

Aguantaré la situación hasta Regio Calabria que es una ciudad importante. Aquí hay muchas gasolineras y no me preocupa ir entrando en la reserva, ni saber cuanto puedo seguir sin repostar la gasolina más cara que he encontrado hasta ahora. El litro de la de sin plomo está entre 1,75 y 1,90 €/litro. Alrededor de 20€ llenar el depósito.

Hace un par de días que han cambiado al horario de invierno y todavía estoy un poco confuso. No comparto la idea de que se ahorre energía. No conozco negocios que no pongan las luces cuando abren: mercerías, pastelerías, ferreterías, supermercados,cafeterías, panaderías, pescaderías, bares, … y desde luego oficinas, talleres, fábricas… todos usan la iluminación eléctrica durante el día. Los únicos que no la pondríamos somos nosotros en casa. Pero ahora, cuando llegamos, la oscuridad nos acompaña más tiempo por lo que encendemos más rato las luces.
Y si hablamos de la calefacción, no entiende de luminosidad, si no de frío, si acaso del termostato. El consumo será igual independientemente de la hora que ponga en el reloj, ya que su ciclo es más largo que las horas del día o de la noche. Todavía no he podido entender porque dicen que se ahorra.

A todo esto, yo sin saber cuántos kilómetros hago. La sensación cuando llego a Regio C. es de que es tarde. Pregunto en una tienda de neumáticos si saben de una tienda de Kawasaki para un recambio. Se molestan mucho y terminan haciendo una llamada a un conocido con un negocio de auto-recambios cerca del aeropuerto. Me pongo al teléfono y parece que no me entiende y aún así me sugiere cambiar el reloj entero. Lo agradezco y salgo de allí con la dirección apuntada, pero con malas vibraciones. Pese a eso me dirijo hacia el aeropuerto, pero de camino veo una tienda de repuestos con motoristas repartidores y vuelvo a preguntar. Entienden rápido el problema pero me dicen que ellos no tienen recambios para la moto, cosa que ya daba por supuesta, pero les pregunto por el concesionario y me indican que está al lado de la estación central. Qué suerte, he pasado por delante hace cinco minutos y creo que llegaré en un tris.

Simone
Y ahí está. Cerrado.

Sin cartel de horario. Pensando que si el resto de los negocios están abiertos y este no, pasa algo raro. Pregunto a un agente de seguros que trabaja justo encima, y que abre el portal, si sabe los horarios de la tienda. Sin problema, abren a las tres y media. Mi sensación era de estar a media tarde, pero esta apenas empezaba. Pensé en la situación del cambio de hora, y si sumamos que habrá un uso horario de diferencia con mi casa en León la percepción tenía su lógica.

Ahora resulta que es pronto, pero solo unos minutos.

Apenas abre la puerta una pareja me dirijo a ellos. Se trata de Enzo y su mujer. Me escuchan atentos y me piden que espere cinco minutos, que vienen ahora. Pero cambian de idea y me dicen que les acompañe a tomar un café, que era para lo que necesitaban el tiempo. Antes de ponernos en marcha llegan los mecánicos y creo entender que les comenta que busquen la pieza y que terminen con una moto que está en el taller para hacerme sitio.

Simone y Marco
Impresionante. Me invitan al café y casi me obligan a probar un dulce típico “pece”, un bollo de crema muy aromático. Hablamos de viajes, deseos y planes.
De vuelta en el taller se ponen manos a la obra los mecánicos Simone y Marco, el más joven. Tienen el cable y se ponen a cambiarlo. En mis mejores augurios suponía que tendrían que encargarlo y lo tendrían que sustituir, o me lo llevaría, después de la visita a mis amigos de Sicilia.

Llega la hora de pagar y empiezan a hablar de un descuento importante porque estoy dando la vuelta al mundo. Puntualizo que bastante menos. Contestan que entonces bastante menos descuento, pero terminan aplicando más. Al final no sé si llegué a pagar el valor de la pieza o el café, pero lo que parecía una avería resultó ser un alegría.

Simone, servidor y Enzo


Como colofón me dirijo al embarcadero para coger el ferry y llego justo a tiempo. Me obligan a saltarme la cola y es llegar, montar, y zarpar en menos de cinco minutos.

Veinte minutos después estoy en Sicilia.

Cuidarse,

Marne